Oh, Dios, Señor de los que dominan, Guía Suprema que tienes en las manos las riendas de la vida y de la muerte, escucha mi Oración de Guerra.
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate y mi corazón no sienta el temblor del miedo; haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón; haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo siente en mi espíritu, aunque lo sientan mi carne y mis huesos.
Que mi alma, Señor, esté siempre tensa, pronta al sacrificio y al dolor; que no rehuya, ni la imaginación siquiera, el primer puesto en el combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el avance.
Pon destreza en mi mano para que mi tiro sea certero; pon caridad en mi corazón para que mi tiro sea sin odio; haz, por mi Fe, que yo sea capaz de cumplir lo imposible.
Que desee vivir y morir a un tiempo; morir como Tus santos Apóstoles, como Tus viejos Profetas, para llegar a Ti; vivir como Tus abnegados Misioneros, como Tus antiguos Cruzados, para luchar por Ti; te pido, Señor, que mi cuerpo sepa sufrir con la sonrisa en los labios; como sufrían Tus mártires, Señor.
Concédeme, oh Rey de las victorias, el perdón por mi soberbia; quise ser el Soldado más valiente de mi Ejército, el más amante de mi Patria; perdona mi orgullo, Señor.
Te lo ruego por mis horas en vela, el fusil y el oído atentos a los ruidos de la noche; te lo pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día; por mis jornadas de sed y de hambre, de fatigas y de dolor.
Si lo alcanzo, ya mi sangre puede correr con júbilo por los campos de mi Patria y mi alma puede subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de Tu Eternidad.
Autor Teniente Nelson Bedoya Zuluaga, del glorioso Ejército de Colombia. (perdio la vida combatiendo con las FARC y cuando lo encontraron en su bolsillo estaba esta oracion)
Se encuentra escrita en la ESCUELA DE LANCEROS DE COLOMBIA.
PAZ EN LA TUNBA DE ESTE OFICIALY SOLDADO
sábado, 28 de noviembre de 2009
jueves, 26 de noviembre de 2009
esta noche sorda... cesar vallejo
“Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura”.
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura”.
transtorno de pánico. ataque de pánico. peru
Trastorno de Pánico
En Ingles
"Intempestivamente sent� una oleada de miedo sin que hubiera raz�n alguna. El coraz�n me lat�a apresuradamente, me dol�a el pecho y se me dificultaba cada vez m�s respirar. Llegu� a creer que me iba a morir."
"�Tengo tanto miedo! Cada vez que voy a salir tengo esa horrible sensaci�n en la boca del est�mago y me aterroriza pensar que voy a sufrir otro ataque de p�nico."
�Cu�les son los s�ntomas de un ataque de p�nico?
Como se describe arriba, los s�ntomas de un ataque de p�nico se presentan intempestivamente sin causa alguna aparente. Los s�ntomas pueden incluir:
Palpitaciones r�pidas o violentas
Dolores en el pecho
V�rtigo, mareo, n�usea
Dificultad para respirar
Cosquilleo o entumecimiento en las manos
Sofoco o escalofr�o
Sensaci�n de estar so�ando o deformaci�n de percepci�n
Terror -- sentir que algo horrible va a pasar y que no puede uno evitarlo
Miedo de perder el control y hacer algo que le cause a uno verg�enza
Miedo de morir
Por lo general, un ataque de p�nico dura varios minutos y se considera una de las situaciones m�s penosas que pueda experimentar una persona. Casi todos los que sufren un ataque sufrir�n otros m�s. Cuando una persona sufre cont�nuos ataques o siente una fuerte ansiedad por miedo a tener otro ataque, se dice que sufre trastorno causado por p�nico.
�Qu� es un trastorno causado por p�nico?
Es un serio problema de salud en este pa�s. Cuando menos, un 1.5 por ciento de los adultos americanos, o 3 millones de personas, sufrir�n un trastorno causado por p�nico en un momento dado en su vida. Este trastorno es bastante diferente a otros tipos de ansiedad en cuanto a que los ataques de p�nico se presentan inesperadamente, aparentemente sin causa alguna y frecuentemente causan incapacidad.
Una vez que una persona sufre un ataque de p�nico, por ejemplo mientras maneja un veh�culo, hace compras en una tienda llena de gente, o se encuentra dentro de un elevador, puede crearse miedos irracionales llamados fobias, relacionados con esas situaciones, y comenzar� a tratar de evitarlas. Con el tiempo, la necesidad de evitar esas situaciones y el grado de ansiedad por miedo a otro ataque puede llegar al punto en que esa persona que sufre trastorno causado por p�nico no podr� volver a manejar un veh�culo, ni siquiera dar un paso fuera de su casa. Cuando llega a este punto, se dice que la persona sufre trastorno causado por p�nico con agorafobia. Es as� como el trastorno causado por p�nico puede tener un serio impacto en la vida diaria de una persona, tanto como cualquier otra enfermedad seria, a menos que la persona reciba tratamiento efectivo.
�Es el trastorno causado por p�nico una enfermedad?
S�. El trastorno causado por p�nico es una enfermedad real con posibilidades de causar invalidez, que puede controlarse por medio de tratamiento espec�ficamente dise�ado para este mal. Desafortunadamente, debido a los s�ntomas molestos que se presentan con el trastorno causado por p�nico, frecuentemente se confunde este mal con afecci�n card�aca o cualquier otra enfermedad que amenaza la vida. Frecuentemente, las personas acuden a las salas de emergencia de los hospitales cuando son presas de un ataque de p�nico donde posiblemente se les hagan pruebas exhaustivas para eliminar la existencia de estos otros males.
Por regla general, el personal m�dico trata de asegurar al paciente de que no est� en grave peligro. Sin embargo, estos intentos de calmar al paciente pueden hacer m�s da�o de lo que uno se imagina. Si el doctor usa expresiones tales como "no es algo serio", "es cosa de su imaginaci�n" o "no es algo por qu� preocuparse" puede dar al paciente la impresi�n equivocada de que el tratamiento no es posible o no es necesario.
�Cu�l es el tratamiento para un trastorno causado por p�nico?
Gracias a la investigaci�n que se ha llevado a cabo en este campo, existen varios tratamientos disponibles incluyendo diferentes medicamentos eficaces y distintas clases de psicoterapia. Frecuentemente, una combinaci�n de psicoterapia y medicamentos da buen resultado en m�s o menos corto tiempo. Por lo tanto, un tratamiento adecuado para el trastorno causado por p�nico puede prevenir ataques posteriores o hacer �stos menos severos y frecuentes, lo que trae consigo un gran alivio al 70 o 90 por ciento de las personas que padecen trastornos causados por p�nico.
Adem�s, las personas que padecen trastornos causados por p�nico pueden necesitar tratamientos para otros problemas emocionales. La depresi�n se asocia frecuentemente con los trastornos causados por p�nico de la misma manera que el abuso del alcohol o de las drogas. Recientemente se ha llegado a la conclusi�n de que el suicidio es m�s prevalente entre las personas que sufren trastornos causados por p�nico. Afortunadamente los problemas asociados con los trastornos causados por p�nico as� como �stos mismos, pueden resolverse eficazmente.
Por desgracia muchas personas que sufren trastornos causados por p�nico no reciben tratamiento alguno. Con objeto de estimular el reconocimiento y tratamiento de los trastornos causados por p�nico, el Instituto Nacional de Salud Mental (National Institute of Mental Health, NIMH) est� patrocinando una gran campa�a de informaci�n para familiarizar al p�blico y a los profesionales de salud mental sobre este padecimiento. El NIMH es la agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de mejorar la salud mental de los americanos brindando apoyo a la investigaci�n sobre padecimientos cerebrales y mentales as� como instruyendo m�s al p�blico para que comprenda mejor las enfermedades mentales y su tratamiento.
�Qu� sucede si no se atiende un trastorno causado por p�nico?
El trastorno causado por p�nico puede durar meses o a�os. Aunque por lo general �ste comienza en la pubertad, en algunas personas los s�ntomas se presentan m�s tarde en su vida. Si no se atiende, puede empeorar al punto de que la vida de esa persona se afecte seriamente. De hecho, muchas personas han tenido problemas con sus amistades o con sus familiares o a�n en sus trabajos debido al trastorno causado por p�nico. Es posible que se presente cierta mejor�a ocasionalmente pero por lo general no desaparece el mal a menos de que la persona reciba los tratamientos adecuados, dise�ados para ayudar a quienes padecen trastornos causados por p�nico.
�Qu� ocasiona un trastorno causado por p�nico?
De acuerdo con una teor�a existente sobre trastorno causado por p�nico, el "sistema de alarma" normal de un cuerpo, o sea el conjunto de mecanismos mentales y f�sicos que le permiten a una persona hacer frente a una amenaza, entra en acci�n sin que sea necesario o sea cuando no hay peligro. Los cient�ficos dedicados a esta clase de estudios no han podido saber exactamente c�mo sucede o por qu� algunas personas son m�s susceptibles que otras a este problema. Se ha llegado a determinar que el trastorno causado por p�nico se extiende en la familia, lo que puede sugerir que es cong�nito o sea que los genes juegan un papel muy decisivo al determinar qui�n lo va a heredar. Sin embargo, algunas personas sin antecedentes familiaries de este mal llegan a sufrirlo. Frecuentemente los ataques se provocan por una enfermedad f�sica, una seria tensi�n emocional en la vida o posiblemente por medicamentos que aumentan la actividad de la parte del cerebro responsable de las reacciones de miedo.
El NIMH apoya la investigaci�n sobre ataques de miedo para llegar a saber m�s sobre los mecanismos responsables de esta reacci�n y conocer mejores maneras de controlarla.
En Ingles
"Intempestivamente sent� una oleada de miedo sin que hubiera raz�n alguna. El coraz�n me lat�a apresuradamente, me dol�a el pecho y se me dificultaba cada vez m�s respirar. Llegu� a creer que me iba a morir."
"�Tengo tanto miedo! Cada vez que voy a salir tengo esa horrible sensaci�n en la boca del est�mago y me aterroriza pensar que voy a sufrir otro ataque de p�nico."
�Cu�les son los s�ntomas de un ataque de p�nico?
Como se describe arriba, los s�ntomas de un ataque de p�nico se presentan intempestivamente sin causa alguna aparente. Los s�ntomas pueden incluir:
Palpitaciones r�pidas o violentas
Dolores en el pecho
V�rtigo, mareo, n�usea
Dificultad para respirar
Cosquilleo o entumecimiento en las manos
Sofoco o escalofr�o
Sensaci�n de estar so�ando o deformaci�n de percepci�n
Terror -- sentir que algo horrible va a pasar y que no puede uno evitarlo
Miedo de perder el control y hacer algo que le cause a uno verg�enza
Miedo de morir
Por lo general, un ataque de p�nico dura varios minutos y se considera una de las situaciones m�s penosas que pueda experimentar una persona. Casi todos los que sufren un ataque sufrir�n otros m�s. Cuando una persona sufre cont�nuos ataques o siente una fuerte ansiedad por miedo a tener otro ataque, se dice que sufre trastorno causado por p�nico.
�Qu� es un trastorno causado por p�nico?
Es un serio problema de salud en este pa�s. Cuando menos, un 1.5 por ciento de los adultos americanos, o 3 millones de personas, sufrir�n un trastorno causado por p�nico en un momento dado en su vida. Este trastorno es bastante diferente a otros tipos de ansiedad en cuanto a que los ataques de p�nico se presentan inesperadamente, aparentemente sin causa alguna y frecuentemente causan incapacidad.
Una vez que una persona sufre un ataque de p�nico, por ejemplo mientras maneja un veh�culo, hace compras en una tienda llena de gente, o se encuentra dentro de un elevador, puede crearse miedos irracionales llamados fobias, relacionados con esas situaciones, y comenzar� a tratar de evitarlas. Con el tiempo, la necesidad de evitar esas situaciones y el grado de ansiedad por miedo a otro ataque puede llegar al punto en que esa persona que sufre trastorno causado por p�nico no podr� volver a manejar un veh�culo, ni siquiera dar un paso fuera de su casa. Cuando llega a este punto, se dice que la persona sufre trastorno causado por p�nico con agorafobia. Es as� como el trastorno causado por p�nico puede tener un serio impacto en la vida diaria de una persona, tanto como cualquier otra enfermedad seria, a menos que la persona reciba tratamiento efectivo.
�Es el trastorno causado por p�nico una enfermedad?
S�. El trastorno causado por p�nico es una enfermedad real con posibilidades de causar invalidez, que puede controlarse por medio de tratamiento espec�ficamente dise�ado para este mal. Desafortunadamente, debido a los s�ntomas molestos que se presentan con el trastorno causado por p�nico, frecuentemente se confunde este mal con afecci�n card�aca o cualquier otra enfermedad que amenaza la vida. Frecuentemente, las personas acuden a las salas de emergencia de los hospitales cuando son presas de un ataque de p�nico donde posiblemente se les hagan pruebas exhaustivas para eliminar la existencia de estos otros males.
Por regla general, el personal m�dico trata de asegurar al paciente de que no est� en grave peligro. Sin embargo, estos intentos de calmar al paciente pueden hacer m�s da�o de lo que uno se imagina. Si el doctor usa expresiones tales como "no es algo serio", "es cosa de su imaginaci�n" o "no es algo por qu� preocuparse" puede dar al paciente la impresi�n equivocada de que el tratamiento no es posible o no es necesario.
�Cu�l es el tratamiento para un trastorno causado por p�nico?
Gracias a la investigaci�n que se ha llevado a cabo en este campo, existen varios tratamientos disponibles incluyendo diferentes medicamentos eficaces y distintas clases de psicoterapia. Frecuentemente, una combinaci�n de psicoterapia y medicamentos da buen resultado en m�s o menos corto tiempo. Por lo tanto, un tratamiento adecuado para el trastorno causado por p�nico puede prevenir ataques posteriores o hacer �stos menos severos y frecuentes, lo que trae consigo un gran alivio al 70 o 90 por ciento de las personas que padecen trastornos causados por p�nico.
Adem�s, las personas que padecen trastornos causados por p�nico pueden necesitar tratamientos para otros problemas emocionales. La depresi�n se asocia frecuentemente con los trastornos causados por p�nico de la misma manera que el abuso del alcohol o de las drogas. Recientemente se ha llegado a la conclusi�n de que el suicidio es m�s prevalente entre las personas que sufren trastornos causados por p�nico. Afortunadamente los problemas asociados con los trastornos causados por p�nico as� como �stos mismos, pueden resolverse eficazmente.
Por desgracia muchas personas que sufren trastornos causados por p�nico no reciben tratamiento alguno. Con objeto de estimular el reconocimiento y tratamiento de los trastornos causados por p�nico, el Instituto Nacional de Salud Mental (National Institute of Mental Health, NIMH) est� patrocinando una gran campa�a de informaci�n para familiarizar al p�blico y a los profesionales de salud mental sobre este padecimiento. El NIMH es la agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de mejorar la salud mental de los americanos brindando apoyo a la investigaci�n sobre padecimientos cerebrales y mentales as� como instruyendo m�s al p�blico para que comprenda mejor las enfermedades mentales y su tratamiento.
�Qu� sucede si no se atiende un trastorno causado por p�nico?
El trastorno causado por p�nico puede durar meses o a�os. Aunque por lo general �ste comienza en la pubertad, en algunas personas los s�ntomas se presentan m�s tarde en su vida. Si no se atiende, puede empeorar al punto de que la vida de esa persona se afecte seriamente. De hecho, muchas personas han tenido problemas con sus amistades o con sus familiares o a�n en sus trabajos debido al trastorno causado por p�nico. Es posible que se presente cierta mejor�a ocasionalmente pero por lo general no desaparece el mal a menos de que la persona reciba los tratamientos adecuados, dise�ados para ayudar a quienes padecen trastornos causados por p�nico.
�Qu� ocasiona un trastorno causado por p�nico?
De acuerdo con una teor�a existente sobre trastorno causado por p�nico, el "sistema de alarma" normal de un cuerpo, o sea el conjunto de mecanismos mentales y f�sicos que le permiten a una persona hacer frente a una amenaza, entra en acci�n sin que sea necesario o sea cuando no hay peligro. Los cient�ficos dedicados a esta clase de estudios no han podido saber exactamente c�mo sucede o por qu� algunas personas son m�s susceptibles que otras a este problema. Se ha llegado a determinar que el trastorno causado por p�nico se extiende en la familia, lo que puede sugerir que es cong�nito o sea que los genes juegan un papel muy decisivo al determinar qui�n lo va a heredar. Sin embargo, algunas personas sin antecedentes familiaries de este mal llegan a sufrirlo. Frecuentemente los ataques se provocan por una enfermedad f�sica, una seria tensi�n emocional en la vida o posiblemente por medicamentos que aumentan la actividad de la parte del cerebro responsable de las reacciones de miedo.
El NIMH apoya la investigaci�n sobre ataques de miedo para llegar a saber m�s sobre los mecanismos responsables de esta reacci�n y conocer mejores maneras de controlarla.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Conde de la Topada. Tradicion de Ricardo Palma.
Ni Rezabal, en sus Lanzas y medias anatas, ni autor alguno de los que sobre títulos nobiliarios del Perú escribieron, hablan del conde de la Topada. Y sin embargo título fue éste que existió en Lima, acordado, no por el rey, si no por la voluntad omnipotente del soberano llamado pueblo.
Fue el caso que habiendo el monarca expedido título de conde al obispo del Cuzco don Juan de Castañeda Velázquez y Salazar en compensación de cuarenta mil duros que éste oblara generosamente para reedificar la casa y cárcel del Santo Oficio de la Inquisición de Lima, destruidas casi por el terremoto de 1746, el obispo transmitió la regia gracia a su sobrina doña Francisca Javiera de Castañeda, esposa del alcalde de Lima don Joaquín de Lamo y Castañeda.
Muerta la condesa, pasó el título a su primogénito don Joaquín de Lamo y Castañeda, natural de Huaura, grefier del Toisón de Oro y vecino de Madrid, donde entregó el alma a Dios a fines de 1818. Este segundo conde de Castañeda de los Lamos debió ser un muy notable literato; y dígolo, no porque haya leído libros suyos, que la verdad, ninguno ha caído bajo mi jurisdicción, sino porque el 32 de septiembre de 1818 la Real Academia Española le nombró académico de número, para ocupar el sillón H, vacante por muerte de García de la Huerta. Desgraciadamente nuestro compatriota no llegó a tomar posesión, porque falleció un mes más tarde. Lo reemplazó el historiador don José Antonio Conde, tan admirado por Moratín. En nuestros días el sillón H ha sido ocupado, entre otras eminencias de la literatura española, por don Salustiano Olózaga.
Sin embargo de que no he tenido entre mis manos libros de su señoría el conde, uno de sus biógrafos dice que escribió y publicó los tres siguientes: Idea general del Perú, Elogio del virrey Amat, Descripción de Carabaya.
Muerto el conde-académico sin sucesión legítima, legó el condado a su primo el limeño don Manuel Díez de Requejo, criollo a las derechas, parrandista, jugador y mujeriego; en una palabra, mozo cunda, cumbianguero y de mucha cuerda. De a legua trascendía a protóxido de tunante.
Y aquí empieza la tradición.
[editar]I
Gran concurso había el 8 de septiembre de 1819 en la plazuela de Cocharcas: como que se trataba nada menos que de festejar a la Virgen patrona de ese arrabal, con fiestas que hoy mismo no carecen de animación.
Después de la misa solemne, a que concurría el Cabildo eclesiástico, y del panegírico pronunciado por canónigo de campanillas, venía la suntuosa mesa de once en el conventillo, sentándose a ella todo lo que Lima poseía de empingorotado por pergaminos, riqueza o posición social. Aun virreyes hubo que no desdeñaron honrar la fiesta con su presencia.
Antes de la corrida de toros, que principiaba a las tres de la tarde, era costumbre hacer una jugada de gallos de siete topadas. Sin pirotécnica nocturna, farolillos y buñoleras, y sin toros, gallos y danzas no había fiesta posible entre nosotros.
En la jugada de gallos había además cierta rivalidad social.
De un lado la aristocracia de los pergaminos, y del otro la aristocracia del dinero, cruzaban sumas fabulosas en las apuestas. Aquel año, el flamante condesito de Castañeda de los Lamos era el jefe del partido nobiliario, y había reunido siete gallos, cada uno de los que era un Fierabrás con cresta y espolones.
Jefe del bando contrario o popular era don Pío García, deudo del condesito, acaudalado minero del Cerro de Pasco y que gozaba de inmenso prestigio en el alto y bajo comercio.
A las dos de la tarde, el juez de la cancha, que lo era el regidor del Cabildo marqués de Corpa, tocó la campanilla, y don Manuel Díez de Requejo se presentó en el circo con un cazilí, jamón y de mucha cuartilla. Su antagonista el minero exhibió un barbitas malatobo, golilla anaranjada, barrillón y de alcance.
Empezaron las apuestas, y con ellas los cortes de manga, que son la pantomima usual entre los aficionados a la lid de gallos.
Careados éstos, el barrillón después de una cita prolongada, partió en vuelo; mas superitándolo el cazilí por ser de más ala, y zafando el anaranjado con malicia, contestó con un tiro de suelo, de esos de campanilla eléctrica. El barbitas lo desparramó en un segundo.
Cinco parejas más salieron al circo, y cinco veces más los gallos de Castañeda de los Lamos besaron a su madre, digo, besaron la tierra, con gran palmoteo del pueblo, que simpatizaba poco o nada con el círculo de la nobleza.
[editar]II
Don Manuel Díez de Requejo y Castañeda estaba como para volarse la tapa de los sesos. Las seis peleas por él perdidas afectaban a su ya mermadísima fortuna en más de veinte mil duros. Quedaba completamente arruinado y casi reducido a vivir de limosna.
Si también perdía la última jugada, es decir, si el partido demócrata lograba dar capote, ¿qué iba a ser del infeliz?
Para la séptima pelea, que era de a pico y no de a naranja como las anteriores, había reservado el condesito un gallo que contaba más victorias que Napoleón. Era un carmelo-tostado o ajiseco, cabeza rota, cola blanca, remontador alegre y de más estampa que un San Miguel.
El minero sacó un lechuza, machetón, pata amarilla, hijo de chusco y gallina terranova, mal laminado, aunque recio de cuadriles, y que en el careo, casi cacarea y sale llorando a buscar piedra. Esto animó infinito al partido perdidoso, y se triplicaron las apuestas.
Iba a darse la gran batalla de Waterloo, y aunque el pueblo y los comerciantes no las tenían todas consigo en favor del lechuza, un puntillo de amor propio hizo que no rechazasen apuestas.
¡Ande usted, ande,
que la misericordia de Dios es grande!
Cualquiera, hasta yo, habría dado ocho a siete en favor del colablanca.
Un rayo de esperanza cruzó por el espíritu de don Manuel, y dirigiéndose al minero, dijo:
-Amigo, ¿es usted hombre para aceptarme un envite?
-Como en ello se contiene, y amén, padre, para que parezca oración -contestó con toda cachaza el interpelado-. Eche por esa boca.
-Apuesto mi titulo de conde contra todo lo que llevo perdido en la tarde.
-Topo -contestó el minero- y enganche, pariente.
Y los adversarios se dieron una empuñada coram pópulo.
Los dos animalejos rivales quedaron libres en el circo. Retrecheros, mirándose de soslayo como quien quiere y no quiere, y midiéndose el uno al otro, ganando el ajiseco un paso de terreno y ladeándose el machetón, así estuvieron sin querer definir por un minuto largo, minuto de profundo silencio y de indescriptible ansiedad para los espectadores.
El cabeza rota parecía decirle al lechuza:
No me mires de lado,
que es de traidores;
mírame cara a cara,
que es de señores.
Y a su turno, el pata amarilla parecía contestarle:
No me mires con ojos
atravesados;
mírame con los ojos
que Dios te ha dado.
De pronto el Napoleón se encumbró sobre su adversario, y éste, aparragándose, pasó sorteando bajo la cola, y en el descenso del rival se le prendió a la mecha con substancia y prontitud, a la vez que con la pata derecha le escobillaba el ojo izquierdo.
Tres minutos después Wellington cantaba el quiquiriquí de la victoria.
[editar]III
Al otro día y por ante el escribano de Cabildo don José María la Rosa, formalizose escritura en virtud de la cual el título de conde de Castañeda de los Lamos era transferido a don Pío García, quien al enviar a España el documento, para su ratificación por Fernando VII, cuidó de acompañarlo con buen lastre de onzas en oro.
No se olvidó, por supuesto, de remitir también el expediente sobre limpieza de sangre, expediente tanto más fácil de organizar cuanto que el postulante era asturiano, es decir, hidalgo por derecho de nacimiento. Los nacidos en esas privilegiadas merindades salen del limbo materno con un Don tamañazo en mitad de la frente.
La confirmación llegó tarde; esto es, cuando ya San Martín y los insurgentes ocupaban el palacio de los virreyes. Parece que la real cédula confirmatoria cayó en manos de Monteagudo, y que el ministro la aproximó a la bujía para encender con ella un cigarro.
Los envidiosos, que nunca faltan, bautizaron al minero (que con la patria y los cupos y las rebujinas había venido a menos) con el título de conde de la Topada.
Y conde de la Topada fue hasta 1833, en que San Pedro, que se pone como un ají cuando le hablan de gallos, le dio en el cielo con las puertas en las narices, como diciendo: en mi portería no calientan silla los galleros y...
¡Ea!, ¡ea!, ¡ea!
Perejil y culantro
y alcarabea.
Fue el caso que habiendo el monarca expedido título de conde al obispo del Cuzco don Juan de Castañeda Velázquez y Salazar en compensación de cuarenta mil duros que éste oblara generosamente para reedificar la casa y cárcel del Santo Oficio de la Inquisición de Lima, destruidas casi por el terremoto de 1746, el obispo transmitió la regia gracia a su sobrina doña Francisca Javiera de Castañeda, esposa del alcalde de Lima don Joaquín de Lamo y Castañeda.
Muerta la condesa, pasó el título a su primogénito don Joaquín de Lamo y Castañeda, natural de Huaura, grefier del Toisón de Oro y vecino de Madrid, donde entregó el alma a Dios a fines de 1818. Este segundo conde de Castañeda de los Lamos debió ser un muy notable literato; y dígolo, no porque haya leído libros suyos, que la verdad, ninguno ha caído bajo mi jurisdicción, sino porque el 32 de septiembre de 1818 la Real Academia Española le nombró académico de número, para ocupar el sillón H, vacante por muerte de García de la Huerta. Desgraciadamente nuestro compatriota no llegó a tomar posesión, porque falleció un mes más tarde. Lo reemplazó el historiador don José Antonio Conde, tan admirado por Moratín. En nuestros días el sillón H ha sido ocupado, entre otras eminencias de la literatura española, por don Salustiano Olózaga.
Sin embargo de que no he tenido entre mis manos libros de su señoría el conde, uno de sus biógrafos dice que escribió y publicó los tres siguientes: Idea general del Perú, Elogio del virrey Amat, Descripción de Carabaya.
Muerto el conde-académico sin sucesión legítima, legó el condado a su primo el limeño don Manuel Díez de Requejo, criollo a las derechas, parrandista, jugador y mujeriego; en una palabra, mozo cunda, cumbianguero y de mucha cuerda. De a legua trascendía a protóxido de tunante.
Y aquí empieza la tradición.
[editar]I
Gran concurso había el 8 de septiembre de 1819 en la plazuela de Cocharcas: como que se trataba nada menos que de festejar a la Virgen patrona de ese arrabal, con fiestas que hoy mismo no carecen de animación.
Después de la misa solemne, a que concurría el Cabildo eclesiástico, y del panegírico pronunciado por canónigo de campanillas, venía la suntuosa mesa de once en el conventillo, sentándose a ella todo lo que Lima poseía de empingorotado por pergaminos, riqueza o posición social. Aun virreyes hubo que no desdeñaron honrar la fiesta con su presencia.
Antes de la corrida de toros, que principiaba a las tres de la tarde, era costumbre hacer una jugada de gallos de siete topadas. Sin pirotécnica nocturna, farolillos y buñoleras, y sin toros, gallos y danzas no había fiesta posible entre nosotros.
En la jugada de gallos había además cierta rivalidad social.
De un lado la aristocracia de los pergaminos, y del otro la aristocracia del dinero, cruzaban sumas fabulosas en las apuestas. Aquel año, el flamante condesito de Castañeda de los Lamos era el jefe del partido nobiliario, y había reunido siete gallos, cada uno de los que era un Fierabrás con cresta y espolones.
Jefe del bando contrario o popular era don Pío García, deudo del condesito, acaudalado minero del Cerro de Pasco y que gozaba de inmenso prestigio en el alto y bajo comercio.
A las dos de la tarde, el juez de la cancha, que lo era el regidor del Cabildo marqués de Corpa, tocó la campanilla, y don Manuel Díez de Requejo se presentó en el circo con un cazilí, jamón y de mucha cuartilla. Su antagonista el minero exhibió un barbitas malatobo, golilla anaranjada, barrillón y de alcance.
Empezaron las apuestas, y con ellas los cortes de manga, que son la pantomima usual entre los aficionados a la lid de gallos.
Careados éstos, el barrillón después de una cita prolongada, partió en vuelo; mas superitándolo el cazilí por ser de más ala, y zafando el anaranjado con malicia, contestó con un tiro de suelo, de esos de campanilla eléctrica. El barbitas lo desparramó en un segundo.
Cinco parejas más salieron al circo, y cinco veces más los gallos de Castañeda de los Lamos besaron a su madre, digo, besaron la tierra, con gran palmoteo del pueblo, que simpatizaba poco o nada con el círculo de la nobleza.
[editar]II
Don Manuel Díez de Requejo y Castañeda estaba como para volarse la tapa de los sesos. Las seis peleas por él perdidas afectaban a su ya mermadísima fortuna en más de veinte mil duros. Quedaba completamente arruinado y casi reducido a vivir de limosna.
Si también perdía la última jugada, es decir, si el partido demócrata lograba dar capote, ¿qué iba a ser del infeliz?
Para la séptima pelea, que era de a pico y no de a naranja como las anteriores, había reservado el condesito un gallo que contaba más victorias que Napoleón. Era un carmelo-tostado o ajiseco, cabeza rota, cola blanca, remontador alegre y de más estampa que un San Miguel.
El minero sacó un lechuza, machetón, pata amarilla, hijo de chusco y gallina terranova, mal laminado, aunque recio de cuadriles, y que en el careo, casi cacarea y sale llorando a buscar piedra. Esto animó infinito al partido perdidoso, y se triplicaron las apuestas.
Iba a darse la gran batalla de Waterloo, y aunque el pueblo y los comerciantes no las tenían todas consigo en favor del lechuza, un puntillo de amor propio hizo que no rechazasen apuestas.
¡Ande usted, ande,
que la misericordia de Dios es grande!
Cualquiera, hasta yo, habría dado ocho a siete en favor del colablanca.
Un rayo de esperanza cruzó por el espíritu de don Manuel, y dirigiéndose al minero, dijo:
-Amigo, ¿es usted hombre para aceptarme un envite?
-Como en ello se contiene, y amén, padre, para que parezca oración -contestó con toda cachaza el interpelado-. Eche por esa boca.
-Apuesto mi titulo de conde contra todo lo que llevo perdido en la tarde.
-Topo -contestó el minero- y enganche, pariente.
Y los adversarios se dieron una empuñada coram pópulo.
Los dos animalejos rivales quedaron libres en el circo. Retrecheros, mirándose de soslayo como quien quiere y no quiere, y midiéndose el uno al otro, ganando el ajiseco un paso de terreno y ladeándose el machetón, así estuvieron sin querer definir por un minuto largo, minuto de profundo silencio y de indescriptible ansiedad para los espectadores.
El cabeza rota parecía decirle al lechuza:
No me mires de lado,
que es de traidores;
mírame cara a cara,
que es de señores.
Y a su turno, el pata amarilla parecía contestarle:
No me mires con ojos
atravesados;
mírame con los ojos
que Dios te ha dado.
De pronto el Napoleón se encumbró sobre su adversario, y éste, aparragándose, pasó sorteando bajo la cola, y en el descenso del rival se le prendió a la mecha con substancia y prontitud, a la vez que con la pata derecha le escobillaba el ojo izquierdo.
Tres minutos después Wellington cantaba el quiquiriquí de la victoria.
[editar]III
Al otro día y por ante el escribano de Cabildo don José María la Rosa, formalizose escritura en virtud de la cual el título de conde de Castañeda de los Lamos era transferido a don Pío García, quien al enviar a España el documento, para su ratificación por Fernando VII, cuidó de acompañarlo con buen lastre de onzas en oro.
No se olvidó, por supuesto, de remitir también el expediente sobre limpieza de sangre, expediente tanto más fácil de organizar cuanto que el postulante era asturiano, es decir, hidalgo por derecho de nacimiento. Los nacidos en esas privilegiadas merindades salen del limbo materno con un Don tamañazo en mitad de la frente.
La confirmación llegó tarde; esto es, cuando ya San Martín y los insurgentes ocupaban el palacio de los virreyes. Parece que la real cédula confirmatoria cayó en manos de Monteagudo, y que el ministro la aproximó a la bujía para encender con ella un cigarro.
Los envidiosos, que nunca faltan, bautizaron al minero (que con la patria y los cupos y las rebujinas había venido a menos) con el título de conde de la Topada.
Y conde de la Topada fue hasta 1833, en que San Pedro, que se pone como un ají cuando le hablan de gallos, le dio en el cielo con las puertas en las narices, como diciendo: en mi portería no calientan silla los galleros y...
¡Ea!, ¡ea!, ¡ea!
Perejil y culantro
y alcarabea.
Carlos I de España, usaba el gran Título siguiente:
Carlos I de España, usaba el gran Título siguiente:
CARLOS V,
por la divina clemencia, electo Emperador de Romanos, siempre Augusto y Rey de Alemania, de Castilla, de Aragón, de León, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar y de Islas Baleares, Islas Canarias, Indias y Tierra firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Lorena, de Brabante, de Estiria, de Carinthia, de Carniola, de Limburgo, de Luxemburgo, de Güeldres, de Wurtemberg, de Calabria, de Atenas, de Neopatria: Conde de Flandes, de Habsburgo, de Tirol, de Barcelona, de Artois y Borgoña; Conde Palatino de Henao, de Holanda, de Zelanda, de Ferrete, de Riburgo, de Namur, de Rosellón, de Cerdaña y Zutphen; Landgrave de Alsacia, Marqués de Burgovia, de Oristán y Gociano y del Sacro Romano Imperio; Príncipe de Suevia y Cataluña; Señor de Frisia, de la Marca Esclavona, de Puerto Naón, de Vizcaya, de Molina, de Salinas, de Trípoli y Malinas, etc., etc., etc.
CARLOS V,
por la divina clemencia, electo Emperador de Romanos, siempre Augusto y Rey de Alemania, de Castilla, de Aragón, de León, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar y de Islas Baleares, Islas Canarias, Indias y Tierra firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Lorena, de Brabante, de Estiria, de Carinthia, de Carniola, de Limburgo, de Luxemburgo, de Güeldres, de Wurtemberg, de Calabria, de Atenas, de Neopatria: Conde de Flandes, de Habsburgo, de Tirol, de Barcelona, de Artois y Borgoña; Conde Palatino de Henao, de Holanda, de Zelanda, de Ferrete, de Riburgo, de Namur, de Rosellón, de Cerdaña y Zutphen; Landgrave de Alsacia, Marqués de Burgovia, de Oristán y Gociano y del Sacro Romano Imperio; Príncipe de Suevia y Cataluña; Señor de Frisia, de la Marca Esclavona, de Puerto Naón, de Vizcaya, de Molina, de Salinas, de Trípoli y Malinas, etc., etc., etc.
jueves, 19 de noviembre de 2009
DESCRIPCION LITERAL DEL ESCUDO REPRESENTATIVO DE LA DIRECCIÓN DE SALUD Y CENTRO MEDICO NAVAL «CIRUJANO MAYOR SANTIAGO TAVARA»

Características del Escudo:
Parte Superior:
El nombre de la MARINA DE GUERRA DEL PERU con letras color dorado, inscrito en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
Sol radiante:
De color dorado colocado sobre la línea superior del Escudo, que representa el esplendor de la Institución y el espíritu naval del personal como parte de la Marina de Guerra del Perú.
Anclas Navales:
DOS (2) anclas cruzadas de color dorado las cuales tienen amarrada al arganeo UNA (1) Driza de color dorado, símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Ancla Naval:
UN (1) Ancla Naval colocada en forma vertical de color plomo tramado con negro; símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Diseño interior:
En UN (1) Escudo de doble arco unidos en una punta curvilínea en la parte superior, con base de arco en ojival, con borde color azul, el cual contiene UN (1) campo de fondo color celeste, se encuentra el perfil del mapa del Perú en color blanco, sobre el cual se encuentra la representación de UN (1) Caduceo en color amarillo y las alas en color dorado distintivo de la especialidad de Sanidad Naval y símbolo de la medicina humana, que personifica la presencia de sus integrantes en todo el ámbito territorial, teniendo a su alrededor las representaciones de UN (1) Tumi en dorado, instrumento de los antiguos incas para operaciones craneales, UN (1) Helicóptero en pleno vuelo, UN (1) Submarino, UN (1) Buque de Superficie y UN (1) Infante de Marina con uniforme y equipo de combate, todos ellos figuran en su color natural, representando de esta manera los servicios que prestan a todos los integrantes de las Unidades y Dependencias de la Marina de Guerra del Perú, UN (1) Mástil con el Pabellón Bicolor, simbolizando de esta manera la labor que realizan de satisfacer las necesidades del Personal Naval y sus familiares en el área de salud a nivel nacional; UN (1) libro abierto con fondo crema con letras doradas que encarnan el conocimiento de la ciencia médica por medio de la instrucción que desarrolla el personal de salud y sobre la representación de ésta se ubica el dibujo de UN (1) Estetoscopio, instrumento que se utiliza para examen clínico y que identifica al personal médico.
Lema:
PRO SALUTE MILITIAE NAVALIS, con letras de color dorado, que significa «Dar Salud al Guerrero Naval», colocado en la parte inferior del campo del Escudo, que resume las características inherentes y el espíritu de la Unidad, en el cumplimiento de la misión encomendada.
Parte Inferior del Escudo:
El nombre de la DIRECCION DE SALUD Y CENTRO MEDICO NAVAL «CIRUJANO MAYOR SANTIAGO TAVARA» con letras de color dorado, inscritas en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
DESCRIPCION LITERAL DEL ESCUDO REPRESENTATIVO DE LA DIRECCIÓN DE SALUD Y CENTRO MEDICO NAVAL «CIRUJANO MAYOR SANTIAGO TAVARA»
Características del Escudo:
Parte Superior:
El nombre de la MARINA DE GUERRA DEL PERU con letras color dorado, inscrito en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
Sol radiante:
De color dorado colocado sobre la línea superior del Escudo, que representa el esplendor de la Institución y el espíritu naval del personal como parte de la Marina de Guerra del Perú.
Anclas Navales:
DOS (2) anclas cruzadas de color dorado las cuales tienen amarrada al arganeo UNA (1) Driza de color dorado, símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Ancla Naval:
UN (1) Ancla Naval colocada en forma vertical de color plomo tramado con negro; símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Diseño interior:
En UN (1) Escudo de doble arco unidos en una punta curvilínea en la parte superior, con base de arco en ojival, con borde color azul, el cual contiene UN (1) campo de fondo color celeste, se encuentra el perfil del mapa del Perú en color blanco, sobre el cual se encuentra la representación de UN (1) Caduceo en color amarillo y las alas en color dorado distintivo de la especialidad de Sanidad Naval y símbolo de la medicina humana, que personifica la presencia de sus integrantes en todo el ámbito territorial, teniendo a su alrededor las representaciones de UN (1) Tumi en dorado, instrumento de los antiguos incas para operaciones craneales, UN (1) Helicóptero en pleno vuelo, UN (1) Submarino, UN (1) Buque de Superficie y UN (1) Infante de Marina con uniforme y equipo de combate, todos ellos figuran en su color natural, representando de esta manera los servicios que prestan a todos los integrantes de las Unidades y Dependencias de la Marina de Guerra del Perú, UN (1) Mástil con el Pabellón Bicolor, simbolizando de esta manera la labor que realizan de satisfacer las necesidades del Personal Naval y sus familiares en el área de salud a nivel nacional; UN (1) libro abierto con fondo crema con letras doradas que encarnan el conocimiento de la ciencia médica por medio de la instrucción que desarrolla el personal de salud y sobre la representación de ésta se ubica el dibujo de UN (1) Estetoscopio, instrumento que se utiliza para examen clínico y que identifica al personal médico.
Lema:
PRO SALUTE MILITIAE NAVALIS, con letras de color dorado, que significa «Dar Salud al Guerrero Naval», colocado en la parte inferior del campo del Escudo, que resume las características inherentes y el espíritu de la Unidad, en el cumplimiento de la misión encomendada.
Parte Inferior del Escudo:
El nombre de la DIRECCION DE SALUD Y CENTRO MEDICO NAVAL «CIRUJANO MAYOR SANTIAGO TAVARA» con letras de color dorado, inscritas en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
Parte Superior:
El nombre de la MARINA DE GUERRA DEL PERU con letras color dorado, inscrito en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
Sol radiante:
De color dorado colocado sobre la línea superior del Escudo, que representa el esplendor de la Institución y el espíritu naval del personal como parte de la Marina de Guerra del Perú.
Anclas Navales:
DOS (2) anclas cruzadas de color dorado las cuales tienen amarrada al arganeo UNA (1) Driza de color dorado, símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Ancla Naval:
UN (1) Ancla Naval colocada en forma vertical de color plomo tramado con negro; símbolo característico de las Unidades y Dependencias que conforman la Marina de Guerra del Perú.
Diseño interior:
En UN (1) Escudo de doble arco unidos en una punta curvilínea en la parte superior, con base de arco en ojival, con borde color azul, el cual contiene UN (1) campo de fondo color celeste, se encuentra el perfil del mapa del Perú en color blanco, sobre el cual se encuentra la representación de UN (1) Caduceo en color amarillo y las alas en color dorado distintivo de la especialidad de Sanidad Naval y símbolo de la medicina humana, que personifica la presencia de sus integrantes en todo el ámbito territorial, teniendo a su alrededor las representaciones de UN (1) Tumi en dorado, instrumento de los antiguos incas para operaciones craneales, UN (1) Helicóptero en pleno vuelo, UN (1) Submarino, UN (1) Buque de Superficie y UN (1) Infante de Marina con uniforme y equipo de combate, todos ellos figuran en su color natural, representando de esta manera los servicios que prestan a todos los integrantes de las Unidades y Dependencias de la Marina de Guerra del Perú, UN (1) Mástil con el Pabellón Bicolor, simbolizando de esta manera la labor que realizan de satisfacer las necesidades del Personal Naval y sus familiares en el área de salud a nivel nacional; UN (1) libro abierto con fondo crema con letras doradas que encarnan el conocimiento de la ciencia médica por medio de la instrucción que desarrolla el personal de salud y sobre la representación de ésta se ubica el dibujo de UN (1) Estetoscopio, instrumento que se utiliza para examen clínico y que identifica al personal médico.
Lema:
PRO SALUTE MILITIAE NAVALIS, con letras de color dorado, que significa «Dar Salud al Guerrero Naval», colocado en la parte inferior del campo del Escudo, que resume las características inherentes y el espíritu de la Unidad, en el cumplimiento de la misión encomendada.
Parte Inferior del Escudo:
El nombre de la DIRECCION DE SALUD Y CENTRO MEDICO NAVAL «CIRUJANO MAYOR SANTIAGO TAVARA» con letras de color dorado, inscritas en un cintillo tremolante color azul con borde color dorado.
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